Guía del Camino Lebaniego

Tanto nuestra ruta desde la Meseta Castellana, como la que desciende del Mar Cantábrico tienen un mismo destino, el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, primitivo cenobio que atesora entre sus muros el mayor fragmento de Lignum Crucis del orbe, una de sus reliquias más veneradas de la cristiandad, lo que motivó que ya en 1512 el Papa Julio II otorgase la bula que establecía una semana de jubileo, los años en que la festividad del Santo coincidiera en domingo. Pero sería mucho antes, en el siglo VI, cuando Santo Toribio llegara de Palencia a este recóndito lugar donde erigió un eremitorio con la intención de vivir en la naturaleza una vida sencilla, consagrada a Dios, tras predicar en contra la herejía prisciliana.
Esto había sido causa de que fuera apedreado por los palentinos, habiendo de refugiarse en la ermita de Santa María del Cerro, acontecimiento en cuya memoria Palencia celebra cada año la tradicional "pedrea" del día del Santo, declarada Fiesta de Interés Turístico Regional.

Otro Toribio, obispo de Astorga, sería enterrado en olor de santidad en el monasterio en el siglo VIII, cuando sus restos llegaron junto con la reliquia del sagrado madero. En esta centuria el santuario cuenta con un insigne fraile benedictino, Beato de Liébana, autor de los Comentarios al Apocalipsis de San Juan que dos siglos más tarde, a caballo del año mil, inspiraron los famosos Beatos Mozárabes que describen en bellísimos códices miniados las escenas del Apocalipsis, plasmando en imágenes entendibles por gente iletrada lo que acaecería con el cambio de milenio. La Iglesia monacal se construyó en 1256, ya en estilo gótico, destacando la Puerta del Perdón, de estilo románico, que se abre tras los golpes de un martillo cada Año Jubilar, la estatua yacente de madera de Santo Toribio de Astorga, de tradición gótica, y la capilla barroca que alberga los restos de la Cruz de Cristo. Con estos
antecedentes cómo no embarcarse en esta singladura entre la tierra y la naturaleza, para arribar a puerto tan
extraordinario.
Cruceno, ¡Buen Camino!

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