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Castillo de Los Sarmiento Fuentes de Valdepero

Por referencias históricas y vestigios arqueológicos, sabemos que muchas poblaciones de la provincia de Palencia, sobre todo durante la Edad Media, contaron con recintos amurallados y barreras defensivas de mejor o peor porte, tras las cuales se protegían sus poblaciones, a la vez que por medio de ellas se fiscalizaba la entrada y salida de mercaderías (impuestos de portazgo). Muchos de estos recintos amurallados fueron derribados con la llegada de la Edad Moderna (Reyes Católicos), quedando tan solo como testigos de ellos algunas de sus imponentes puertas (Astudillo, Capillas, Becerril de Campos, Támara, Vertavillo, Palenzuela, Herrera de Pisuerga, Aguilar de Campoo etc.).

También, en muchos casos, estos recintos defensivos estaban acompañados o complementados con edificaciones de carácter más militar y castrense, como eran los torreones defensivos, motas, castillos o alcázares de gran porte, sin llegarse a despreciar la posibilidad de fortificar la torre de la propia iglesia (torre de San Miguel en Palencia, iglesia de Meneses de Campos, Iglesia de Santa Eulalia en Palenzuela o la de Ventosa de Pisuerga, etc).

En la actualidad en la provincia de Palencia, el mayor núcleo de castillos conservados se localizan en su parte sur, por lo que un buen punto de partida para iniciar su visita y recorrido, será desplazarnos hasta la extrema población de Belmonte de Campos, donde podemos contemplar la bella torre del homenaje del que fuera afamado castillo frontero de Belmonte; uno más de los que separaban la línea divisoria de los antiguos reinos de Castilla y León.

Su conjunto castrense, del que tan solo queda en pie parte de la barrera, aditamentos del baluarte y la bella torre del homenaje, fue construido a finales del siglo XV y principios del XVI, bajo de dominio de don Juan Manuel de Nájera, señor de Belmonte. En la actualidad, el torreón de Belmonte es monumento Histórico-Artístico. La torre y parte del castillo sufrieron a través de los siglos muchas reformas, viéndose todavía vestigios góticos, renacentistas y platerescos, habiendo intervenido en algunas de estas restauraciones Juan de Badajoz, maestro cantero que también intervino en la cantería de la Catedral de León.

En el siglo XV, Juan Pacheco uno de los nobles castellanos poseedor de este castillo, mandó edificar dentro de él un pequeño palacio gótico-mudéjar, del que ya no quedan vestigios, así como un oratorio dedicado a San Cristóbal. La esbelta torre del homenaje tiene sus cuatro esquinas guarnecidas por cuatro cubos, los cuales conforman otras tantas garitas, desde las cuales y a través de unas curiosas escaleras de caracol, se accede a la parte más alta de las defensas, conformadas por adarves rematados de almenas triples coronadas por bolas. En una de las fachadas, sobrevive un bello balcón plateresco apoyado sobre una repisa de la misma época, y en el subsuelo del patio de armas, el aljibe, almacenes y mazmorras.

Nuestro siguiente destino será la monumental villa de Ampudia, donde nos espera su soberbio castillo uno de los mejores ejemplos de arquitectura militar palaciega (s.XIII-XIV) de esta zona de la meseta norte, y que hoy podemos admirar gracias al interés puesto en su día por don Eugenio Fontaneda, el cual, después de adquirir a la Condesa de la Granja lo que ya era una denostada ruina, dedicó gran parte de su vida a restaurarle y dotarle del impresionante patrimonio artístico que hoy allí podemos admirar. Esta señorial fortaleza alberga una magnífica colección de obras de arte y antigüedades, fruto de la labor coleccionista de su rehabilitador, destacando las salas de Arqueología, Arte Sacro, Sala de los Juguetes, la Farmacia, Sala de Armas, de aparatos Musicales, así como las de Etnografía y Artes populares.

Este castillo-alcázar, formó parte de la cerca medieval que encerraba a la villa y de la cual, todavía, se conservan algunos lienzos y torreones aislados. Gran parte de la fábrica del alcázar fue construida a mediados del siglo XV por los descendientes de Pedro García de Herrera, Mariscal de Castilla y sobrino del obispo palentino Sancho de Rojas, fundador del Mayorazgo de Ampudia. Ejerció más, como lugar temporal de residencia de sus diferentes propietarios a través de la historia (María de Meneses, Conde de Salvatierra, Duque de Lerma, Duque de Alba etc.) qué como fortaleza o alcázar, aunque durante la guerra de las Comunidades (1521), sufrió asedio por parte de los comuneros del belicoso obispo Acuña, los cuales se enfrentaron a los hombres de Francés de Beaumont, defensores del castillo y partidario de la causa imperial.

A escasos tres kilómetros de Ampudia podemos visitar otro castillo más, este ya en ruinas e instalado sobre un cerro testigo de los Montes Torozos. Esta fortaleza de Torremormojón, como el alcázar de Ampudia, tuvo una participación muy activa en la guerra civil de las Comunidades. Por aquel entonces pertenecía al Conde de Benavente, y en él se refugiaron partidarios imperiales que fueron sitiados por las tropas comuneras, las cuales terminaron saqueando la villa y el castillo. Se fecha la reedificación de este castillo, en el siglo XV (fecha en la que fue reformado por Pedro López de Ayala), aunque se puede asegurar documentalmente, que ya en el siglo X existía en ese lugar una torre defensiva, pareja a la que daría origen al actual castillo de Monzón. Todavía durante la Guerra de la Independencia (1808), Torremormojón y Ampudia, fueron ocupados por los cuerpos de ejército del mariscal Bassieres.

Sin abandonar los páramos de los Montes Torozos y en el camino hacia la capital palentina, podemos visitar los restos de otro pequeño castillo en Paradilla del Alcor, que es un caserío dependiente de Autilla del Pino. Esta pequeña granjería es un bello conjunto medieval, en el cual es de lamentar el estado ruinoso y de abandono en el que se encuentra su recogido y pequeño castillo junto con su recinto murado y el torreón circular que lo remonta. Ya debió de ser fuerte o castillo militar en época de la reconquista, formando línea frontera con los próximos de Torremormojón, Ampudia, Montealegre y Belmonte. Mucho de lo que hoy vemos, son reformas y mejoras del siglo XIV y otras del XVIII y XIX.

Después de visitar la capital palentina, a escasos cinco kilómetros en la villa de Fuentes de Valdepero podemos visitar el Castillo de los Sarmiento. La villa a mediados del siglo XIV era lugar solariego perteneciente a Juan Rodríguez de Sandoval, pasando posteriormente a ser posesión de la familia de los Sarmiento. A mediados del siglo XV, Diego Pérez Sarmiento era Adelantado Mayor de Galicia, que al ser expulsado de aquellas tierras violentamente, se instaló en Fuentes de Valdepero, construyendo en esta villa su fortaleza-palacio, antes más que ahora, que hoy podemos admirar y disponiendo sus escudos de armas en sus rotundos torreones. Los restos de este notable, descansan hoy en la iglesia de San Francisco de Palencia.

En 1520, durante la sublevación Comunera, el castillo de Fuentes es asediado por las tropas del Obispo Acuña, las cuales le toman y arrasan con malas "mañas"; razón por la cual en las obras de restauración posteriores, sus propietarios optaron por suprimir mucho de los aditamentos que le embellecían, en detrimento de su belleza palacial, convirtiéndolo en la verdadera fortaleza que todavía hoy puede intuirse.

En la actualidad, el Castillo de los Sarmiento de Fuentes de Valdepero ha sido totalmente rehabilitado por la Diputación de Palencia, alojando en él su Archivo histórico documental, además de ofrecernos la posibilidad de visitar un castillo de estas características, que siempre será toda una aventura para el imaginario popular. Recorrer sus galerías, almenas, pasadizos, y hasta visitar sus mazmorras, trasportaran al visitante a un idealizado mundo medieval, que solo se aprecia cuando se está encerrado entre los rotundos muros de un castillo de estas características. Además allí veremos representados en plastilina los hechos más relevantes de la historia de Palencia, además de informarnos de cuál fue el devenir histórico de la fortaleza y hasta hacernos idea de cómo se edificó, a través de sus excelentes maquetas.

El castillo de Monzón de Campos será nuestra siguiente fortificación a visitar, dista menos de un tiro de bala de cañón del de Fuentes de Valdepero. Se sabe que la villa estuvo desde tiempos antiguos defendida por dos castillos o torres. Ambos fueron fortificaciones de gran importancia estratégica, no solo en la época de la bipolaridad hegemónica del reino de León sobre Castilla, y viceversa; sino también al estar implicados en las diferentes guerras civiles y de sucesión de los siglos XII al XIV. De estas dos fortificaciones, la que era más antigua ya ha desaparecido, ubicándose en el pago conocido como "Los Castrillones", promontorio arcilloso que domina la antigua puebla de Monzón por el norte y al cual servía de foso natural el cauce del río Carrión.

El castillo que hoy podemos admirar, dominando también sobre la villa pero desde su parte este, fue adquirido y restaurado por la Diputación de Palencia en los años sesenta del siglo pasado, y tuvo hasta fechas relativamente recientes una ocupación hostelera, aunque en la actualidad está sin uso. De todo el hermético conjunto, su parte más antigua es la actual torre del homenaje, que parece ser, que en origen, no era nada más que eso, una torre (s.XI). A finales del siglo XIV se le adosó un recinto murado con un patio interior, ampliando de esta forma su fábrica original. Sobre la puerta principal de la fortaleza, sobrevive un escudo de la familia Rojas (don Sancho de Rojas, señor de Monzón y marques de Poza de la Sal, que fallecería en este castillo en el año de 1500), y de la que fue su distribución interior original tan solo queda la torre, a la cual se le añadió durante la restauración una portada románica rescatada de una de las iglesias anegadas por el embalse de Aguilar de Campoo, la del pueblo de Cenera de Zalima y un patio porticado, originario del ya desaparecido Hospital de Capillas, villa esta también terracampina. En el castillo de Monzón se celebraron los desposorios de la reina doña Urraca con don Alfonso el Batallador, rey de Aragón, siendo su padrino de boda don Pedro Ansúrez (1109), fundador de la ciudad de Valladolid, que posteriormente ostentaría el título de Conde de Monzón.

La tradición y el romance, más que la historia, aseguran que en el primitivo y ya desaparecido castillo de Monzón, se refugiaron los hermanos Vela, después de matar el día de su boda al rey leones García II (1029). También asegura la tradición, que a las puertas del mismo fueron prendidos y quemados vivos. Según parece, Monzón nada tuvo que ver en aquello, y hasta los mismos hechos históricos contradicen lo que cuenta el romance. Durante la Guerra de las Comunidades el castillo fue tomado por las tropas del Obispo Acuña, y el 22 de julio de 1978, dentro de sus muros se constituyó el Consejo General de Castilla y León, que daría origen a las actuales Cortes y Gobierno Castellano Leones.

Para visitar el siguiente castillo, tenemos que desplazarnos al interior de la comarca del Cerrato palentino, a la población de Hornillos de Cerrato, donde a menos de medio kilómetro del caserío del pueblo, en la carretera que une esta villa con la de Torquemada, todavía pueden verse las lamentables y güeras ruinas del castillo de Hornillos. Soberbio alcázar que fuera edificado en la Alta Edad Media (s.XVI) y que fue propiedad de los Enríquez, Almirantes de Castilla, conde Ribadavia y que en la actualidad sigue siendo propiedad privada. Hasta el siglo pasado todavía se mantenían en pie dos de sus torres albarranas, que cerraban el perímetro murado del castillo y que en esa época se derribaron, y cuya piedra fue utilizada para construir los polvorines militares de Quintana del Puente.

A mediados del siglo XV, el castillo de Hornillos estuvo implicado junto con la villa de Baltanás y Palenzuela, en la guerra de sucesión y posterior guerra civil contra don Juan II y su favorito don Álvaro de Luna. En abril de 1.507, acampó porque "no había más de veintiocho cabañas" en Hornillos de Cerrato, el cortejo fúnebre que procedente de Torquemada acompañaba los restos de Felipe I "El Hermoso", fallecido en la ciudad castellana de Burgos, el cual iba presidido por la reina doña Juana "La Loca" su esposa; y que ordenó exponer sus restos a la veneración popular, en la iglesia parroquial de San Miguel Arcángel de la villa, para posteriormente continuar viaje hasta Tordesillas (Valladolid).

Sin abandonar el Cerrato, buscaremos por las riberas del río Arlanza la histórica población de Palenzuela, que también tuvo castillo. La villa y el castillo de Palenzuela (siglo XV), del cual tan solo se conservan sus ruinosos espigones de mortero y mampostería, al haber perdido su revestimiento de sillería, se vio implicado en las guerras de sucesión del siglo XV, no saliendo bien parado de ellas. El castillo de Palenzuela fue prisión reservada para grandes delitos o "delitos políticos", quedando terminantemente prohibido encerrar en él a ningún vecino de la mencionada villa.

Remontando el cauce del cercano río Pisuerga, el camino nos llevará hasta la villa de Astudillo y su castillo de la Mota. En el siglo XI ya se mienta un Studellum, y a mediados del XII una "turre de Studellu". Y así es, ya que la villa fue lugar murado desde los primeros tiempos medievales, pudiéndose ver en pie todavía una de las seis puertas que tuvo, la de San Martín; de las otras solo queda el recuerdo. Todavía existe restaurada cerca del Convento de Santa Clara una torre y parte de un lienzo de la muralla, así como las escasas ruinas de lo que fuera su castillo "de la Mota" dominando sobre el actual casco urbano de la villa, horadados sus cimientos por numerosas bodegas-cueva y pasadizos mina, del que ya se tenía noticias a principios del XI, aunque lo que hoy vemos en lamentable ruina castrense son restos del siglo XV.

La siguiente fortaleza palentina que podemos visitar, la encontraremos en Las Cabañas de Castilla, pequeña población cercana a Osorno La Mayor. Sobre el caserío de pueblo destaca su torre fuerte o pequeña fortaleza, que parece obra del siglo XV (gótica) y donde todavía pueden verse los escudetes de armas de los Castañeda; habiendo sido también señores de este castillo, los condes de Osorno y el marqués de Villatorre. La torre es de planta cuadrada de 16 metros de lado, está construida con piedra sillar y consta de dos cuerpos, con un pequeño talud en la parte inferior. Originariamente tuvo cuatro plantas, separadas por forjados de madera en los que se cambia la orientación de las vigas de un piso a otro. La comunicación entre pisos se realizaba por medio de escaleras de mano. La última planta cuenta con una bóveda de cañón apuntado con arcos fajones. En la actualidad este edificio castrense, es propiedad privada y ha sido restaurado.

Antes de que nos acerquemos a la zona norte de la provincia, para visitar sus baluartes, por el camino veremos que Saldaña también tubo castillo que desempeñó un importante papel político y estratégico durante el siglo X, y del que todavía pueden verse escasos y ruinosos restos dominando la villa desde un promontorio cercano. A finales de ese siglo (995), el castillo y la iglesia que le acompañaba de Santa María del Castillo, fueron destruidos en una de las más audaces campañas militares del caudillo musulmán Almanzor y en el año 1988 se localizaron suficientes pruebas arqueológicas de su existencia, así como de la necrópolis que acompañaba a la pequeña iglesia.

Posteriormente el castillo fue reconstruido y ampliado (s.XI), manteniendo su importancia estratégica y siendo también foco de intrigas y discordias sucesorias. A principios del siglo XII (1126) fallecía dentro de sus muros - en circunstancias no muy claras - la reina doña Urraca de Castilla; contra la cual ya se habían “revuelto”, años antes,  las gentes de los alfoces de Saldaña, Carrión, Cea, destruyendo el palacio que tenía Alfonso VI en Nogal de las Huertas “llevándose el pan, vino, oro y plata que encontraron”.

En el Museo Arqueológico Nacional de Madrid se conserva una piedra, que hasta 1954 estuvo embutida en una de las torres del castillo, y en la cual figura grabado un dibujo con un posible plano de la fortaleza; así como una inscripción en caracteres árabes, lo que nos asevera que el castillo de Saldaña también estuvo bajo la dominación musulmana, aunque fuese por poco tiempo. Todavía hoy, pueden verse a los pies de la que fuera fortaleza saldañesa, varias cuevas que horadan sus cimientos, y en una de las cuales se intuye una antigua ermita rupestre de dos naves, que la tradición popular identifica como la “Cueva de San Patricio”.

Camino de Aguilar de Campo, veremos que en Castrillo de Villavega se conservan algunos restos del torreón que protegía el vado del río Valdavia y que Herrera de Pisuerga también tuvo castillo, aunque hoy su solar lo ocupa la Plaza de Toros de la villa.

El primer castillo que vamos a poder visitar por estas zonas del norte palentino, será el de la pequeña población de Gama, que surgió a los pies del antiguo castillo castreño, actualmente en ruinas, que alberga en el interior de su pequeño recinto murado la ermita de Nuestra Señora del Castillo.  A finales del siglo XI, el rey Alfonso VI concedió a don Nuño Pérez de Lara el señorío de la villa, el castillo y su pequeño alfoz. Posteriormente paso a la Casa de la Vega (S.XV,) y en el XVI perteneció al Conde Osorno don Pedro Manrique, que mantuvo enfrentamientos con su pariente el marqués de Aguilar. Ya más posteriormente, la villa de Gama y su castillo fueron propiedad de la Casa de Alba, por eso hoy - todavía – podemos ver sus escudos de armas en la ermita arriba citada.

Sin movernos de las ruinas del castillo de Gama, vislumbraremos por proximidad el castillo roquero de Aguilar de Campoo, que muy posiblemente, fue edificado sobre una más antigua torre fuerte de época de la Reconquista, en la cual se apoyaron las primitivas intentonas repobladoras de la zona (s.X). Lo que hoy vemos sobre el promontorio que domina el casco urbano de Aguilar de Campoo, son los restos de lo que fue una poderosa fortificación de los siglos XIII y XIV, diseñada en planta poligonal, en cuyos ángulos se instalan cinco cubos macizos circulares, unidos por sólidos muros de mampostería de dos metros de grosor. El acceso al fuerte, se hace a través de una gran puerta de arco apuntado, que se abre en la fachada oriental, sobre la cual todavía se vislumbran (aunque están muy deteriorados) los escudos de armas de los Condes de Castañeda y Manrique de Lara, señores que fueran de la Merindad de Campoo.

Entre los años 1986 y 1989, se llevaron a cabo, dentro del recinto castrense, sucesivas campañas de excavaciones arqueológicas, las cuales sacaron a la luz, los posiblemente cimientos de la torre del homenaje, que a lo que parece se elevaba aislada en el centro del recinto, así como un aljibe y restos de una habitación anexa construida en potentes muros de sillería, lo que hace pensar que pudieran ser los cimientos de la antigua y original torre fuerte del siglo X.

La historia del castillo de Aguilar, está unida inseparablemente a la historia medieval de la villa. A finales del siglo XII se constituyo entre sus muros la Junta General del Reino, a la que asistieron todos los obispos de reino de Castilla, así como el Consejo Real. Desde este castillo, en tiempos de Alfonso VI, partieron unidas las huestes castellanas y leonesas, decididas a la conquista del reino de  Toledo. Al repartir Alfonso VII los reinos leoneses y castellanos entre sus hijos, correspondieron las tierras de Aguilar a Fernando II, el cual ofreció en arras a su tercera esposa doña Urraca de Haro la villa de Aguilar. Ante tal regalía, Alfonso IX de León puso cerco a la villa y a su castillo ya que la villa pertenecía a su madre política, aprestándose a su defensa y a una tenaz resistencia el que fuera su alcaide Marcos Gutiérrez. Tras un largo asedio, el castillo cayó en poder de los sitiadores, pero ante la actitud heroica del “defensor del castillo”, el rey leones le devolvió el gobierno de la fortaleza.

Recordar también que por todos estos entornos del Campoo palentino se conservan en pie excelentes ejemplos de “torresfuertes” defensivas, muchas de ellas de época barroca, que se reparten por algunas de sus villas y poblaciones, como las que se pueden admirar en Quintanilla de las Torres, Villallano, Villaescusa, Villanueva de Henares, Canduela, Bustillo de Santullán, etc.

Y terminaremos este recorrido por los castillos de Palencia, visitando la torre fuerte de Villanueva de la Torre del siglo XI, que apellida a la “villa nueva”, y que hoy - por desgracia - es tan solo nido de ruina y cornejas. Esta torre guarda mucha similitud con la existente en la vecina localidad de Rebolledo de la Torre (Burgos), fortificación que también cuenta con barrera y fosos de tierra. Construida con piedra de sillería, es de planta cuadrada y cuerpo ligeramente troncopiramidal, alcanzando 15 metros de altura a pesar de encontrarse desmochada de sus defensas.

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