Ruta Tierras del Renacimiento

Esta ruta por los orígenes del Renacimiento, nos invita a recorrer las grandes  villas terracampinas de Paredes de Nava, Becerril de Campos, Cisneros y Fuentes de Nava, un recorrido lleno de  arte, historia y naturaleza. Cuatro poblaciones palentinas con un patrimonio  digno de visitar, variedad de rutas por espacios naturales (Canal de Castilla, Laguna de la Nava…), museos de arte sacro, joyas del mudéjar, gastronomía,  astronomía y las obras de los grandes artistas que forjaron este movimiento universal, Pedro y Alonso Berruguete,  Alejo de Vahía y Jorge Manrique.

Un buen punto de partida para iniciar esta Ruta Tierras del Renacimiento, será el hacerlo desde la villa de Becerril de Campos. Sus orígenes son prehistóricos, pues varios son los asentamientos de la Edad del Bronce localizados dentro de su término. De época romana se han hallado numerosos vestigios arqueológicos, destacando entre ellos dos bustos en mármol de patricios romanos (siglo II), de soberbia factura y magnifica belleza, que en la actualidad se pueden admirar en el Museo Arqueológico de Palencia y que aparecieron junto con otros materiales de la época en el pago conocido como el "Picón de la Monja". Durante la Edad Media, Becerril de Campos fue cabeza de behetría y señorío de doña Leonor de Guzmán, favorita del rey Alfonso XI, de cuya descendencia nacería la poderosa casa y estirpe de los Trastámara. Fue villa amurallada – asegurándose que tuvo castillo - y de esa época se conserva la airosa y medieval puerta de Santa María, por la que todavía se accede a la villa. Las crónicas, cuentan que Becerril de Campos fue visitada por el Emperador Carlos I en el año 1517 a causa de tener que abandonar por culpa de la peste la corte de Valladolid.

Casi pegado y rodeando el casco urbano del pueblo, discurre el Canal de Castilla en su ramal de Campos, por lo que allí podemos contemplar el puente de San Juan y un pequeño embarcadero.   

La villa mantiene gran parte de su antiguo sabor tradicional, destacándose en su casco urbano su plaza mayor, que conserva parte de su antiguo porticado, una bella y tradicional fuente de finales del siglo XVI y un ayuntamiento modernista de principios de este siglo, famoso por las sentencias y adagios inscritos en la clave de los dinteles de sus ventanas.

Hasta siete iglesias llegó a tener Becerril de Campos, atendidas por más de cuarenta clérigos. La iglesia parroquial de Santa Eugenia, es Monumento Histórico-Artístico. Se comenzó a edificar casi a mediados del siglo XVI y tardaría casi otro siglo en terminarse. Su planta se reparte en tres naves, con torre a los pies, la cual se hundió hace unos años, siendo reconstruida en ladrillo, a excepción de su primer cuerpo. Su traza es gótica con columnas palmeadas, bóvedas renacentistas cubiertas de yeserías del siglo XVII y cúpula rebajada sobre pechinas. En la edificación de la capilla mayor y colaterales, intervino en 1613 el maestro cantero cántabro Domingo de Cerecedo. Dentro del ámbito sacro destaca su excelente retablo mayor churrigueresco, obra de Santiago Carnicero, adornado con las imágenes de Santa Eugenia, Santiago y San Fernando. A este retablo, le acompañan otros renacentistas y barrocos de los siglos XVI, XVII y XVIII.

Pero varios más son los edificios sacros a destacar en Becerril de Campos, ya que llego a tener hasta siete parroquias (s.XIV): iglesia gótica de San Miguel en ruinas, la de San Pedro, que también estuvo en ruinas, conservando una portada románica del siglo XII, y que hoy aloja el centro de San Pedro Cultural, un singular espacio multidisciplinar "mágico" que aúna arquitectura, arte, cultura y astronomía. Dentro de este espacio recuperado, al visitante le llamará la atención su “estelarium”, recreación en el techo del templo de las constelaciones que son visibles desde Becerril, así como un péndulo de Foucault que muestra la rotación de la tierra, una línea meridiana (la única que funciona en España) y un estenopo austral sobre el que se proyecta el sol que entra por una de las ventanas de la iglesia o un estenopo occidental, ubicado en la ventana del antiguo coro, que durante el solsticio de invierno proyecta el sol sobre el ábside e ilumina el nicho estrellado.

De la iglesia de San Martín, solo se mantiene en pie su torre mudéjar del siglo XIV. A la iglesia de Santa María se la fecha entre los siglos XV y XVI, aunque conserva en el muro norte algunos capiteles tardorrománicos. Consta de dos naves separadas por grandes pilares, y en su interior se alberga un importante Museo de Arte Sacro, en el cual puede admirarse una rica colección de tablas de Pedro Berruguete, un tríptico de Juan de Flandes y varias esculturas de Alejo de Vahía (que fuera vecino hidalgo de Becerril, y donde tenía montado taller en el año 1505), a ello se unen obras de Juan de Juni, y un tríptico de Jan Van Dornicke, así como obras de arte de orfebrería, ornamentos litúrgicos, cálices, cruces, copones y un interesante artesonado en el sotocoro. En su fachada sur, la iglesia conserva un gran pórtico, el cual acoge bajo su techumbre un bello artesonado estrellado, en el más puro estilo mudéjar terracampino.

Completando todo este patrimonio sacro ya descrito, en el Museo Diocesano de Palencia, puede actualmente contemplarse una excelente colección de pinturas sobre tabla de Pedro Berruguete (s.XV), entre las que destacan “los desposorios de la Virgen, el Rey Esdras y la Crucifixión del Señor”; muchas de las cuales formaron parte del retablo mayor de la iglesia becerrileña de San Martín.

También pegado a la puerta medieval de Santa María, podemos ver el antiguo matadero mudéjar, hoy convertido en sala de exposiciones, y a las afueras del pueblo el bello y curioso Humilladero, de dos cuerpos, que alberga en el primero de ellos un aljibe que abastece a la fuente próxima, y en el superior el propio crucero cubierto con techumbre a cuatro aguas y sustentado por columnas (s.XVIII). Además Becerril tuvo varias ermitas y cofradías, pero todavía goza de gran devoción, la ermita del Santo Cristo de San Felices con imagen homónima gótica (s.XIII), situada en descampado a poco más de tres kilómetros.

También, y hasta fechas recientes, sobrevivía en ruinas la ermita de los Nazarenos, próxima a la plaza y ya desaparecida, teniéndose noticias de otras más: San Pelayo, San Blas, y San Juan que la tradición asegura que era visigoda, aunque posiblemente se confunda con la homónima de San Juan de Baños, como así ocurre en viejos grabados del siglo pasado. La villa en el siglo XVI, contó con afamados orfebres, bordadores, ensambladores, escultores y rejeros. En el año 1779 nacía en Becerril de Campos, el escritor y socio de la Academia de la Historia y Geografía, Sebastián de Miñano. En el siglo XIX, fue famosa “la puchera de Becerril”, que así mismo mentara el escritor y jesuita Padre Coloma, y que no era otra cosa que una “mistura” que preparaba un buen boticario del pueblo, entre cuyos ingredientes incluía polvos de quinina y miel, y que fue un afamado remedio contra las fiebres palúdicas.

Al aproximarnos a visitar Fuentes de Nava y casi cerca de su casco urbano, localizaremos los restos testimoniales de uno de los humedales más importantes de Castilla y León: la Laguna de la Nava. Estación ornitológica, donde podemos, según las épocas, contemplar muchas de las especies de aves acuáticas que en sus anuales migraciones atraviesan la Península Ibérica, y que en esta laguna relíctica encuentran aposento y descansadero. También por el término de Fuentes, discurre un buen tramo del Canal de Castilla.

El patrimonio de la villa tampoco desmerece, destacando sobre el caserío la esbelta torre de la iglesia parroquial de San Pedro, conocida como la "linterna de Campos" (65 metros de altura). Históricamente, se reconoció a Fuentes de Nava con el nombre de "Fuentes de Don Bermudo" y ya en el Becerro de los Beneficios se dice que tenía cinco iglesias: San Pelayo, San Román, San Miguel, San Pedro y Santa María. Fue villa murada, aunque su cerco no debió de ser de mucho fuste. Todavía hoy puede admirarse uno de sus postigos, en el acogedor rincón del "Corro del postigo", sobre cuyo altillo interior se conserva un reducido y rústico humilladero-balconada, que da cobijo a la Virgen del Postigo, a la cual se encomendaban viajeros y preñadas.

Su casco urbano, se dilata ampliamente sobre el terrazgo. Varias plazas y plazoletas, abren luz sobre el caserío. Fuentes no es un pueblo constreñido sobre sí mismo, sus amplias calles se adornan de soberbias casonas palaciales (casas mayorazgos de los García Ramírez y Rodríguez de Cisneros) y edificios señeros modernistas. De las cinco iglesias arriba mentadas, hoy dos imponentes templos conforman su patrimonio monumental.

La iglesia de San Pedro, con su espigada torre renacentista de cuatro cuerpos del siglo XVI, rematada por una soberbia linterna hexagonal del XVII. En su interior, destaca su retablo mayor, atribuido a Juan de Balmaseda, con tallas y pinturas de Alonso Berruguete, Manuel Álvarez y Juan de Villoldo, y la capilla del deán de Charcas (Perú), construida por el maestro cantero cántabro Juan de la Cuesta, hacia 1583.

La iglesia de Santa María o de Nuestra Señora de Pozo Bueno se fecha en el siglo XVI, con aportaciones barrocas posteriores. A parte de su bella portada gótica de estilo Reyes Católicos, ya con influencias renacentistas, conserva en su interior un magnificente retablo y un más aun magnífico artesonado mudéjar policromo en el más puro estilo castellano-mudéjar, de lo que los técnicos en la materia reconocen como “carpintería de lo blanco”, decorado junto con otros motivos con el “lazo morisco”. Es curioso observar, que la torre quedo apartada del resto de su fábrica templaria.

Entre los dos templos que venimos mentando, se conserva en pie la conocida popularmente como "Casa de la Cruz",  antigua ermita y cofradía de la Vera Cruz, la cual, muy posiblemente fuera antes sinagoga judía, ya que Fuentes de Nava junto con otras villas terracampinas, contaron con buenas representaciones de estas comunidades de origen hebreo. De su pasado morisco y judío, se conservan como recuerdo el nombre de calles con nombres tan sugestivos, como La Media Luna, Alto Sevilla y Granadilla. En el cementerio de la villa existe otra ermita, advocada a Nuestra Señora de los Remedios.

  En los dos templos, levemente descritos, queremos hacer constar para curiosos y melómanos, que se conservan respectivamente sendos y buenos ejemplares de órganos ibéricos. Maravillosas cajas de resonancia, especialmente construidas para la realización de música sacra. Obras ambas del maestro burgalés Tadeo Ortega, acabadas a finales del siglo XVIII y que han sido primorosamente restaurados; conformando de esta manera, junto con otros ochenta y tres órganos ibéricos existentes por toda la provincia palentina, uno de los mejores muestrarios de este tipo de instrumentos musicales acústicos.

En la entonces Fuentes de don Bermudo y hacia el año 1726, nacía Roque Martín Merino, el cual con el tiempo sería nombrado obispo de Teruel, donde moriría. En el siglo XVII era tradición en la villa, como en otras de la Tierra de Campos, correr un toro por las populares y ya famosas fiestas de San Agustín. Hoy esta tradición se ha perdido y son otras las que la remplazan, entre las que destacan sus desfiles y visitas a las Peñas (la villa cuenta con más de treinta), así como la fiesta de "la matanza" que se celebra por San Antón, digna de disfrutarse y degustarse.

De la primitiva puebla medieval de Paredes de Nava, ya se tienen referencias documentales a mediados del siglo X, así como de otros lugares hoy despoblados: Báscones, Villandilla, Carejas, Vallesahuquillo, Villafolfo. En un documento del Monasterio de Sahagún, de finales del siglo XI, ya se dice: "in Paretes terras multas et bonas". Y así ha sido, ya que desde tiempos históricos Paredes es villa primordialmente agrícola, aunque tuvo su importancia política, económica y cultural. De ella, fueron señores los Lara, Castro, Haro, Ansurez, los Caballeros de Calatraba y la gran saga de los Manrique, que llegaron a ostentar los títulos de Condes de Paredes. A esta poderosa estirpe de magnates terracampinos perteneció el gran Maestre de la Orden de Santiago, don Rodrigo Manrique de Lara y su hijo Jorge Manrique, afamado y reconocido poeta que bien glosara la vida de su padre (Coplas a la muerte de mi padre) y otras trovas. Pero las relaciones de la villa, con sus señores, no siempre fueron cordiales; y así vemos que a finales del siglo XIV, la población se subleva contra su señor natural don Felipe de Castro, el cual dejaría la vida en los enfrentamientos.

También en Paredes de Nava, surgió otra saga familias de artistas, pintores y escultores; reconocidas figuras del renacimiento español. Nos referimos a los Berruguete: Pedro Berruguete, pintor; Alonso Berruguete hijo del anterior que ejerció como escultor; Alfonso e Inocencio también escultores.

Durante gran parte de la Edad Media, Paredes de Nava, gozó de una gran preponderancia dentro del reino de Castilla. En ella estuvo instalada una importante comunidad judía, por lo que la villa también se convirtió en importante centro comercial y económico de esta histórica comarca terracampina. En el año 1412, la mayor parte de los judíos paredeños se convierten al cristianismo y la que fuese su sinagoga, paso a ser consagrada como iglesia del Corpus Christi, hoy parroquia de Santa María.

Debido en gran medida a esa importancia política y económica histórica, todavía hoy podemos admirar dentro de su casco urbano las interesantes muestras de monumentalidad y patrimonio artístico conservado. De obligada visita es la iglesia parroquial de San Eulalia, así como el museo que alberga. Su monumental fábrica, destaca sobre el casco urbano paredeño, y muy especialmente la original torre de su campanario en la cual pueden admirarse representados tres clásicos estilos arquitectónicos: románico, gótico y mudéjar, estando este último cuerpo rematado por un colorista y llamativo chapitel de teja vidriada. El templo, en su interior, se reparte en tres naves góticas, rematadas por crucero y ábside renacentistas. Destaca en ellas, el retablo del altar mayor, obra de Inocendio Berruguete y de su cuñado Esteban Jordán, para el cual se aprovecharon las pinturas de los Reyes del Antiguo Testamento, pintadas años antes por Pedro Berruguete. El Museo parroquial, ocupa nueve salas y en él se recopilan gran parte de las obras de arte que se encontraban dispersas por otros templos de la villa. Contiene obras de Nicolás Francés, Diego de Siloé, Alonso Berruguete, Juan de Colonia, Alejo de Vahía, etc. toda una excelente representación de los mejores maestros imagineros castellanos.

Otros templos completan la monumentalidad de la villa: la iglesia de Santa María, antigua sinagoga, con su retablo plateresco de Manuel Salcedo. Las de San Juan Bautista y San Martín de los siglos XV y XVI, cerradas al culto. El convento de Santa Brígida, con sus tres afamados retablos y las ermitas de La Vera Cruz o del Cristo del Palacio, la de Nuestra Señora del Carmen del Cerezo y la de Carejas, cuya virgen es patrona de la villa, compartiendo festividad con San Sebastián y la del Señor o de los Benditos Novillos. En el siglo XVII, en Paredes existía un Hospital de San Marcos, en el cual se acogía a los pobres de la villa y forasteros, para curar sus dolencias y enfermedades. Repartidas por los barrios de su puebla histórica (de la Fuente, Renedo, San Miguel, San Juan, Luenga, Ardegón, Gallegos y Mediano) pueden verse excelentes ejemplos de la arquitectura más tradicional de la Tierra de Campos, así como nobles y dignas casonas, algunas de ellas armadas y otras edificadas con claros patrones mudéjares.

El cinco de Enero, en la iglesia de San Martín se representa todos los años del Auto de los Reyes Magos y durante las fiestas patronales se baila el tradicional "Papudo", conocido baile paredeño que se efectuaba en las bodas en los siglos XVIII y XIX. Dentro de su gastronomía tradicional, destacan las sopas de ajo, de pijillo, de chichurro y las mollejas, así como las morcillas, que completan una cocina al típico modo castellano. Entre los postres, merecen destacarse los bollos tontos y listos, las tortas de jerejitos y las rosquillas de palo y de Carejas.

Cisneros, se aparta un poco de estas otras tres villas renacentistas terracampinas. Fue villa muy documentada durante la edad Media. Varios son los nombres que de ella se han conservado en la diplomática histórica: “Cinisarios, Ciniseros, CastroÇisneros”, y todos ellos han desatado otras tantas conjeturas sobre el origen de su nombre, habiendo quien ha visto una clara referencia zoónima, asimilándolo a los “cisnes” o ánades y a otras aves acuáticas que poblaban la antigua laguna de la Nava.

De todas formas, está certificado por la arqueología que ya durante la Edad del Bronce y primera Edad del Hierro, en su término existían reducidos y estables núcleos de población. En la Edad Media Cisneros era lugar de behetría de la Merindad de Carrión, y fue uno de sus primitivos señores, Iohan Alfonso Girón. En el siglo XVI la villa pasó a ser de realengo, condición esta que ostentó hasta mediados del siglo XVIII. A esta histórica villa renacentista terracampina, se la ha tenido como el solar de nacimiento del que fuera uno de los personajes históricos fundamentales de los inicios de la Edad Moderna Española, el Cardenal regente Francisco (Gonzalo por nacimiento) Jiménez de Cisneros, que detentaría el poder hasta la llegada del emperador Carlos I a España. Hoy sabemos, que el importante y controvertido personaje nació en Torrelaguna (Madrid), aunque su abuelo Toribio Jiménez de Cisneros, residió en la villa, de donde partía su linaje original, muriendo en la batalla de Olmedo, luchando en el bando de Juan II.

Al término de Cisneros, también pertenece el despoblado medieval de Villailar o Villafilar, donde hoy subsiste la ermita del Santo Cristo del Amparo, rodeada de un original pórtico y donde podemos admirar un bello artesonado mudéjar en su capilla mayor. Esta ermita, junto con la del Santo Cristo de Arenillas y la de Santa María de Barriofalda, ya desaparecida, eran las tres que todavía sobrevivían en el siglo XVIII. Tuvo la villa dos hospitales dedicados a San Esteban y San Juan, así como un convento dominico advocado a Santa Catalina. La tradición asegura, que en la villa de Cisneros se instaló a principios del siglo XVI y por orden del Cardenal regente, el primer “Pósito pío” o “panera del común” que se fundara en España, modelo de silo para reservas de grano, que tantas hambrunas calmarían en épocas de pestes y necesidad. Navarro en su Catálogo Monumental de la provincia de Palencia, dice, y hay que reconocer que es toda una curiosidad etnológica, que el traje local de los habitantes de Cisneros, era de los menos típicos de la Tierra de Campos y lo describe: “cubrianse con montera de pieles, botines de paño burdo, media de lana blanca bien ajustada a la pantorrilla, calzón apretadísimo y corto hasta la rodilla, borceguíes, capa parda de paño de Astudillo con cuello muy alto y angüarina”.

De los cuatro templos con los que llegó a contar la villa, solo dos se mantienen en pie. Uno es la iglesia parroquial de los Santos Facundo y Primitivo, Monumento Histórico-Artístico Nacional desde 1945, cuya fábrica es del siglo XVI y a parte del tradicional porticado que se desarrolla alrededor del templo y de su cancel barroco, nada nos hará sospechar de las magníficas obras de arte que nos esperan dentro: abigarrados artesonados mudéjares del siglo XVI, entre los que sobresalen el del presbiterio y el de la capilla de la Virgen del Castillo, así como el impresionante alfarje que cubre la totalidad del templo, en el cual pueden verse complicadísimas lacerías, poliedros sobre frisos y trompas, y recuadros con florones y pendolones de pilar a pilar labrados. Adorna el templo un soberbio retablo mayor gótico, con reformas de época barroca, donde se conjugan la mejor pintura y escultura de ese estilo. A él se une el de la Virgen del Castillo, patrona de la villa y el sepulcro de Antonio Rodríguez de Cisneros.

El otro templo, es la popular iglesia de San Pedro (s.XVI). Hoy es museo, y como la iglesia parroquial antes descrita también está rodeada de un popular y acogedor porticado que la abraza, bajo el cual se acogían los antiguos mercados que se celebraban en la villa, famosa por el comercio de grano y lana. La techumbre del templo también estuvo adornada con artesonados, los cuales desaparecieron con la reforma de la cubierta que se llevo a cabo a finales del siglo XIX. Dentro de ella, podemos admirar el excelente retablo mayor renacentista obra del escultor Francisco Giralte, también autor de la imagen de la Virgen del Rosario; el sepulcro gótico del siglo XIII, conocido popularmente como del “Buen Caballero”, que se encontraba en la ermita del Cristo del Amparo y que algunos se empeñan en decir que es de don Gonzalo Jiménez de Cisneros, así como otro sepulcro de Toribio Jiménez de Cisneros abuelo del Cardenal regente y otro femenino del siglo XIV, de la esposa de este ultimo, doña María de Bedoya. Así mismo, completan la muestra un buen conjunto de imaginería castellana de los siglos XV, XVI, XVII y XVIII, así como objetos de orfebrería sacra, abundante en cálices, crucifijos y patenas que se unen a la esmerada cajonería de nogal del siglo XVII. Como objeto, curioso, se conserva un arca encestado de hierro, conocido como de “los corregidores”, a la cual acerrojan cuatro cerraduras y dos candados. Por último en el coro del templo, y después de transponer su bella reja de madera policromada, podremos contemplar la excelente sillería del coro de madera de nogal y su órgano barroco de mediados del siglo XVIII.

Completa el patrimonio de la villa, buenos y sobrios ejemplos de viviendas tradicionales repartidas por sus barrios o “cuadrillas”, construidas en el estilo tradicional de ladrillo macizo, conocido como “mudejarillo terracampino”y adornadas con escudos (Acuña y Herrera), así como un “trinquete” o frontón destinado al juego de pelota a mano; juego tradicional este, que estaba muy arraigo en la Tierra de Campos palentina, y que fue edificado en 1910, según se hace constar en la lápida que lo remonta.

Durante las fiestas de la Virgen del Castillo patrona de la villa, que se celebran a primeros del mes de septiembre, los actos festivos se ven acompañados por su reconocido grupo de danzantes y chiborra, con sus coloristas atuendos, los cuales interpretan las tradicionales danzas de paloteo terracampinas.